Un emprendedor se vuelve experto resolviendo problemas, ideando nuevas soluciones para mejorar sus resultados y enfrentándose a la incertidumbre. Es precisamente lo contrario a lo que se llegará, si permanece en la zona de confort.

Este concepto es peligroso por el simple hecho de que te coloca en una situación a la que te has acostumbrado. No hay forma de arriesgarse cuando sientes que de una u otra forma ahí siempre estarás bien y a salvo. No se trata de un lugar maravilloso sino todo lo contrario. Es el lugar donde la comodidad y la seguridad aparentes mantienen cautivo a nuestro espíritu emprendedor. No es un espacio amplio sino un hueco pequeño donde nuestros sueños y capacidades se acurrucan, resguardándose de la nada y dejando escapar múltiples oportunidades de emprender, crecer y prosperar.

Es cierto que, como para el resto de personas, para el emprendedor afrontar un nuevo reto supone un cierto grado de incomodidad y miedo, por lo que el primer impulso será siempre mantenerse resguardado en la zona de confort. La zona de confort hace del individuo un ser cobarde porque, a cambio de mantenerlo “seguro” (aunque es una seguridad y estabilidad ficticia), lo empuja a sacrificar sus sueños.

En la vida estamos rodeados de 4 zonas: la primera es la trampa mortal llamada confort en la que tenemos control y seguridad, atravesarla nos desplaza directamente a la zona de miedo, donde la falta de confianza, las excusas y las opiniones de todos los que se creen expertos harán que te quieras regresar de inmediato a la zona de confort, pero si sigues adelante y afrontas esta zona llegarás a la siguiente llamada aprendizaje; dónde el principal enfrentamiento con tus problemas le generará nuevas habilidades y experiencias que lograrán expandir tu zona de confort. La zona final, recibe el nombre de crecimiento, en la que estás a nada de encontrar tu propósito, vivir tus sueños y lo más importante: Conquistar tus objetivos para ir por más.

No hay que enemistar la rutina, pero puedes reinventarla para estimular tu creatividad y comenzar a dar pasos hacia las otras zonas. Hay que generar un equilibro, recordemos que cualquier exceso es malo. “Se trata de no resignarse y de tener voluntad” nos dice el psicólogo Peñalver, ya que existe una línea muy delgada. Puedes intentar con cosas que te incomoden cómo: Saludar a la gente que pasa por la calle, mira fijamente a los ojos de las personas del sexo opuesto, has actividades que no estás acostumbrado a hacer en tu día a día. No hay que salar en bongie de un día para otro, hay que generar un progreso seguro.